Soy el caminante de esta carretera
O bien podría ser aquel niño abandonado en el muelle
Los senderos son ásperos. El aire está liviano o pesa.
Tiene que ser el fin del mundo.
Que me alquilen por fin esta tumba.
En las horas de amargura imagino bolas de silencio.
Soy dueña de la luz.
Pero la noche está oscura.
No podré jamás arrojar el amor por la ventana.
Se quedará aquí. Trabará las puertas y las hendijas.
De los pechos seguirán brotando llantos.
Y mis manos aun dibujarán las letras.
El cerebro se dormirá, oprimido. Y entonces resurgirá mi voz.
La que abre pechos como montañas.
Y separa el filamento de los músculos.
Aquel que oye, aquel que ve.
Y aquel que también se deja llevar. Todo resurge.
Llorarán los corazones de palabras.
Y luego estas morirán.
La tristeza ahondada en un hueco
Flotará para siempre.
O la matarán un puñado de sonrisas.
O bien podría ser aquel niño abandonado en el muelle
Los senderos son ásperos. El aire está liviano o pesa.
Tiene que ser el fin del mundo.
Que me alquilen por fin esta tumba.
En las horas de amargura imagino bolas de silencio.
Soy dueña de la luz.
Pero la noche está oscura.
No podré jamás arrojar el amor por la ventana.
Se quedará aquí. Trabará las puertas y las hendijas.
De los pechos seguirán brotando llantos.
Y mis manos aun dibujarán las letras.
El cerebro se dormirá, oprimido. Y entonces resurgirá mi voz.
La que abre pechos como montañas.
Y separa el filamento de los músculos.
Aquel que oye, aquel que ve.
Y aquel que también se deja llevar. Todo resurge.
Llorarán los corazones de palabras.
Y luego estas morirán.
La tristeza ahondada en un hueco
Flotará para siempre.
O la matarán un puñado de sonrisas.

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